Cuando hablamos de ortodoncia, es habitual pensar en los beneficios estéticos que proporciona este tratamiento. La sonrisa es la parte más importante de nuestra cara y una disposición armoniosa de nuestros dientes puede mejorar nuestra autoestima y nuestras relaciones con los demás.
Sin embargo, hay que recordar que la ortodoncia crea además una boca saludable, con menos riesgo de enfermedades en los dientes (caries) y en las encías (piorrea), y una mejor masticación que evite el desgaste de las piezas.

El diagnóstico es la pieza elemental en un tratamiento de ortodoncia. Además de la exploración inicial, es necesaria la toma de fotografías, radiografías y la realización de modelos de escayola. Todos estos elementos son analizados mediante un sofisticado programa informático para obtener el tratamiento ideal para cada boca y cada cara.
Los dientes de los adultos responden mediante los mismos mecanismos biológicos que los de los niños a los desplazamientos de las piezas dentales. Por eso cualquier edad es adecuada para seguir una ortodoncia y cada vez es más frecuente ver aparatos en las bocas de los adultos.
Aunque no es frecuente que se necesite un tratamiento de ortodoncia a una edad tan temprana, es recomendable llevar a los niños a una primera consulta cuando comienzan a salir los primeros dientes definitivos, entre los 6 y los 8 años. La edad idónea para iniciar el tratamiento es hacia los 13 años, cuando ya se disponen de todos los dientes definitivos.